Experiencias Turísticas

Lic. Luis Carlos Palazuelos Irusta

Asesor Adetur COSTA RICA

Un antiguo dicho cuenta que ‘Cum Romae fueritis, Romano vivite more’ que significa más o menos “Cuando vayas donde los romanos, vive como romano”. Lo anterior demuestra la capacidad de ambientarse a un lugar distinto del propio. Indudablemente en el turismo, cuando salimos de nuestro lugar habitual de residencia y vamos a uno distinto, lo más probable es que muchas cosas cambien: comida, bebida, horarios, la forma de relacionarse y tratarse, etc. Al mismo tiempo, algunas liberalidades se podrían presentar lo mismo que prohibiciones. Por ejemplo, es sabido que el consumo de marihuana en los Países Bajos tiene tolerancia o que el velo en la cabeza es una obligación para las mujeres turistas en muchos países musulmanes.

Lo anterior también nos plantea la posibilidad de integrar a los turistas a la vida de los lugareños, a la vida de las personas del lugar de visita y nos acerca al Turismo 

Experiencial. Participar de ciertas ceremonias, eventos o actividades de la vida cotidiana de los lugareños nos brinda una aproximación más humana dentro del turismo.

Ahora bien, muchas veces estas prácticas deben analizarse a la hora de incluir turistas porque lo que para los locales no es incómodo, raro, fuera de lugar, etc., para los extranjeros no será necesariamente un grato recuerdo a la hora de la finalización de una excursión o de un tour; lo más, será una anécdota y eso no es malo pero el mal momento también será parte de la anécdota.

Hace poco, nos invitaron a participar en una excursión a una finca muy alejada donde todos valoraron mucho la experiencia natural: bosque, flora y fauna. Sin embargo, a la hora del almuerzo no todos quedaron muy complacidos. Entre los bocadillos que se ofrecían había unas papas que debían sumergirse en una salsa roja picante que contenía queso rallado pero tal cometido se hacía como se acostumbraba en el lugar desde siempre: con las manos. A más de uno se le fue la papa dentro del contenedor de la salsa y ahí quedaron porque nadie de los turistas iba a sumergir la mano dentro para recuperar su pedazo de papa. Otros, un poco más afortunados, lograban untar la papa con la salsa, pero les costó evitar que la salsa recorriera los dedos, la mano y hasta el antebrazo. Cuando sirvieron la carne asada, daba gusto ver a la gente local sostener el pedazo ardiente sobre una tortilla de maíz y poco a poco lograr comer, pero varios visitantes, menos hábiles, sostenían pedazos desbaratados de tortilla y la carne jugosa terminaba reposando sobre la palma de la mano. No negamos que mientras duró el almuerzo muchos se reían de sus peripecias y su chasco pero al final del paseo se notaba cierto enfado.

Para contraponer la situación anterior, podríamos recordar nuestra experiencia en cualquier restaurante de comida china. Usar los palitos chinos para comer es divertido, es una lección y es el conocimiento de una tradición ancestral, pero basta acordarnos que, sobre la mesa, o cuando nuestra dificultad fue más que evidente, no faltaron los cubiertos de mesa que todos conocemos.

Todo lo visto nos demuestra que las experiencias nuevas son valiosas, pero es bueno tener siempre un plan B para que cuando surja la dificultad, la incomodidad, la desazón o la rendición ante una actividad que no debemos practicar obligatoriamente, podamos recurrir a lo que nos es más familiar, lo que nos hace la vida más cómoda y lo que me permite probar algo nuevo, pero no necesariamente adoptarlo durante toda la experiencia.

El turismo que practicamos, nos abre las fronteras de la mente y el conocimiento, pero al final nos debe quedar siempre la alegría de la experiencia vivida por más mínima que sea y si nuestros anfitriones nos ayudan en cualquier sentido a disfrutar, todo junto permite crear productos de calidad del inicio al fin.